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miércoles, 18 de marzo de 2026

Mirada al cielo


Como una explosión de luz se deja ver
una respuesta evidente que nadie pronuncia
y se hace presente cual vórtice de un torbellino 
que arrastra certezas,
mientras aprendemos, tarde, a pedir ayuda.

Evitar perder se vuelve un rezo constante.
Es como un intenso deseo...
ese deseo que cuando late en la sombra, 
es luz que no vemos, 
mas que anhelamos en secreto.

¡Ay! Entre el triunfo y el fracaso caminamos 
con la frágil calidad de conciencia 
que nos nombra con una voz
que llega de muy lejos 
y nos habla de grandes diferencias 
que nos separan entre unos y otros.

Y aun así dejamos estelas a nuestro paso 
como pactos silenciosos 
mientras caminamos hacia la inmortalidad.
¿O quizá sean sólo ideas equivocadas 
que florecen entre la duda y la desesperanza?

¡Esperar el fin no quiero!
¿Quién marca la ruta en este extravío?
Somos vulnerables, aunque finjamos abrigo.
Súplicas sordas caen al vacío
mientras un punto de quiebre 
nos atraviesa de golpe el alma
y me cuesta entender si es caída o final.

Acaso, ¿no será posible otro camino?
¿Otra forma de nombrar la herida abierta?
¡Ay! La locura tiene matices en toda crisis
y en su caos también algo se despierta:
¡El odio!

¡Cuánto desorden habita en lo humano!
¡Remover cenizas es volver a arder!
Una tristeza infinita nos cubre por dentro
mientras nuestra dignidad 
se resiente sin saber por qué.

Mientras nuestras creencias están a prueba,
desnudos estamos ante el altar 
del caos y del miedo latente.
Y es que cuando el amor ahuyenta al miedo, 
el miedo ahuyenta no sólo al amor,
sino también a la inteligencia, la bondad
y a todo pensamiento vestido 
de belleza y verdad... 
hasta llegar a expulsarnos 
de nuestra propia humanidad.

Mientras un gran temor nos envuelve el alma
y nos tiene atados de pies y manos,
aún así seguimos, tercamente
porque en medio del derrumbe moral
una mano invisible nos ayuda a levantarnos
en este laberinto de preguntas sin respuestas 
porque el hombre que se levanta
y que levanta su mirada al cielo
 es más grande que sus propios miedos.

                   MARiSOL 

jueves, 19 de junio de 2025

Darnos cuenta

 


¿Será verdad que nunca entendemos lo poco que necesitamos de este mundo hasta que nos damos cuenta que lo hemos perdido? Tal vez ha llegado el momento de tener el valor de proclamar a los cuatro vientos que todo está perdido para empezar de nuevo. ¡Quién sabe! ¿No será que buscando las cosas inciertas, perdemos las ciertas? Como la honestidad: la mejor de todas las artes perdidas. 

¡Ay! Sólo sé que la vida es como un tráfico donde se balancean las pérdidas y las ganancias mientras hay un extraño propósito en perseguir más el poder y perder nuestra libertad. Y es que quien en nombre de la libertad renuncia a ser el que tiene que ser, es un suicida en pie. O acaso, ¿no será cierto que la libertad existe sólo en el mundo onírico?

Quisiera pensar que la libertad es como un gran espejo mágico donde toda la creación se refleja de manera pura y cristalina. ¿Y si la libertad es sólo para soñarla? No lo creo. Más bien pienso que sólo somos realmente libres cuando dominamos nuestras pasiones como el odio o la envidia. Estos arrebatos que aniquilan nuestra cordura deben, más bien, dar paso al amor, gran poder inicador de la vida; aquella que nos posibilita permanecer aún en esta Tierra que, lamentablemente, para millones de seres humanos sea vivir en el infierno. 

¿De qué nos sirve ganar la Luna si vamos perdiendo a nuestro planeta azul? Me doy cuenta que si bien la Tierra está al alcance de cualquier sabio, la verdadera patria de un alma elevada es el mismo universo. Lamentablemente como no lo vemos realmente, no lo entendemos y menos logramos darnos cuenta de lo valiosa que es nuestra presencia en este mundo porque, finalmente, el ser humano es un pedazo del universo hecho vida.


miércoles, 24 de marzo de 2010

Caracola de la vida



¡Cuántas cosas perdemos por miedo a perder!
Paulo Coelho (1947)
Escritor brasilero
  
 http://img363.imageshack.us/img363/3721/05wp2.jpg

Ayer
mientras en la orilla de mi playa
admiraba la belleza de una caracola
escuché su voz advertirme sobre el futuro incierto
colmado de cambios y riesgos.

Hoy
mientras un sentido común
se deja ver como un velero
en el mar tranquilo de mi vida,
una ola pequeña de seguridad cobarde
revienta a los pies de mi rutina diaria.

Mañana
Conformismo, Resignación y Olvido
rodarán como piedras hasta mi playa
para recordarme que aún tengo sueños
y que la esperanza no debe vivir paralizada
hasta mi último suspiro.

Marisol