de absurdas guerras y muchas heridas,
la paz se levanta buscando salidas.
Entre sombras de odio y gritos de dolor,
aún la mayoría de la humanidad
desde el fondo de su alma busca al amor.
Las manos cuando se tienden
cruzan fronteras,
rompen silencios,
derriban barreras,
haciendo que el mundo no viva
ni del miedo ni del rencor,
sino de los pequeños gestos
que vencen al dolor.
Y aunque el cielo se cubra
de nubes oscuras,
la esperanza persiste, paciente y segura
como luz que renace después del temblor,
recordando al mundo que aún vive el amor.
Y cuando la historia pregunte algún día
qué hizo la humanidad frente a la agonía,
que diga el viento alegremente:
“Ella supo erradicarla para siempre.”
MARiSOL