Después de leer este libro escribí este poema:
Mujer habitada al filo del día
camina descalza, ardiente y bravía
en un mundo mágico, denso y vital
donde lo invisible se vuelve real.
Lavinia despierta, Itzá la nombra.
Dos almas ardiendo bajo la misma sombra
se funden en fuego, memoria y raíz
rompiendo cadenas y pariendo un país.
Una rebelión le crece como flor en el pecho
y no acepta el silencio ni el falso derecho.
Su voz es relámpago, trueno ancestral
que irrumpe en la noche del orden brutal.
Contra el dictador y su ley opresiva
levanta su cuerpo, su historia y su vida.
Es fruto del yugo impuesto al hombre común
y del miedo sembrado que impone el patrón.
Mujer insurgente, de pasos encendidos,
derriba estereotipos que han sido tejidos
por manos de hierro, por siglos de error
en una estructura de odio y temor.
Una sociedad machista pretende callarla,
mas ella es semilla imposible de ahogarla.
Su lucha es un río feroz y tenaz
que arrastra injusticias hacia una nueva paz.
Un pueblo la sigue deseoso de un mejor albor.
Buscando su libertad su voz se vuelve clamor.
En cada nueva consigna, en cada nuevo latir
se escribe el futuro que desea existir.
Y en esa unión, Lavinia e Itzá
son la llama que nunca jamás se extinguirá.
Es promesa de tierra, justicia, verdad
y resistencia viva por y para su libertad.
MARiSOL