Eres la época preciosa de transición
vestida de tonos dorados y rojizos.
Llegas despacio con tu aire más fresco
y con tus días de luz más cortos.
Mientras el viento aprende el idioma de las hojas,
él las arranca lentamente de los árboles
con la delicadeza de quien sabe
que amar es dejar ir.
¡Ay, querido Otoño!
Mientras una tristeza duerme en las calles,
un silencio cruje bajo nuestros pasos
y nuestros recuerdos regresan de puntillas
cuando el cielo comienza a oscurecer.
¿Será cierto que algunas despedidas son semillas
que, a veces, para volver a florecer
hay que aprender primero a soltar?
Tal vez, por este motivo,
te pareces a mi alma
porque me enseñas que perder
no siempre es morir.
Mientras nada permanece,
nada se pierde del todo
porque las despedidas no terminan,
sólo cambian de raíz.
MARiSOL
