Mientras esta noche
la luna llena se deja ver
en todo su esplendor,
me recuerda en silencio
que no necesitamos
vencer nuestras sombras.
A veces basta sólo con iluminarlas.
Así como la luna llena,
nosotros atravesamos ciclos:
nos ocultamos, renacemos
y volvemos a brillar,
llevando dentro la luz
que nunca dejamos de ser.
Y si bien su luz no borra mis sombras.
Más bien, las acaricia para recordarme
que la vida está hecha
de ausencias y plenitudes,
de noches que parecen eternas
y amaneceres que siempre regresan.
¡Ay! Todos nosotros tenemos momentos
para crecer, para detenernos,
para volver a empezar,
para aceptar nuestras etapas,
para abrazar nuestras sombras
y para dejar, sobre todo,
que nuestra propia luz interior
nunca deje de brillar
aún en los momentos más oscuros.
MARiSOL
