Mientras despiertan el sol y mi alma,
cada amanecer me recuerda con calma
que nada permanece, que nada es eterno
y que la vida es sólo un pequeño instante
entre lo que muere y lo que florece.
Y mientras el sol no pregunta por el ayer
y vuelve mágicamente a nacer
cual esperanza vestida con un nuevo color,
nosotros como viajeros del tiempo
tenemos una nueva oportunidad de ser.
Quizás vivir sea simplemente eso:
soltar lo que irremediablemente ya se fue,
abrazar con fuerza lo que somos
y confiar en lo que no se ve
como un lienzo abierto a la felicidad.
MARiSOL