A las puertas de un abismo
donde el silencio es como símbolo de otra realidad,
me descubro diciendo:
"Soy un producto inevitable de mis propias ideas,
un vórtice de un torbellino que no cesa".
A partir de ahora pienso
que es imposible corregir esta situación,
aunque intente apartar los ojos,
aunque, supongo que, aún quede alguna forma
de evitar perder lo poco que queda.
Pero algo insiste en caer en cuenta,
en nombrar el instante exacto
en que comenzamos a resbalar al abismo,
como si todo tuviera un punto de destino
iluminado por la tenue luz de la conciencia.
¿Y a qué precio?
Se acumulan las facturas del mañana
y sobran las palabras
cuando apenas intentamos no perdernos,
mientras vamos dejando estelas de lo que fuimos.
Porque algo cede, algo se quiebra,
y en los ecos lejanos crecen los malos presagios,
hechos de culpa y miedo,
de una tensión casi palpable
como una tregua temporal antes del derrumbe.
Toda defensa parece una acusación coherente,
sostenida por motivos concretos,
y seguimos, tratando de adivinar
qué parte de nosotros eligió esta dura decisión,
qué verdad se esconde en la severidad de los hechos.
El sentido de la vida se pierde
y todo parece vacío de contenido,
y aun así intentamos conjugar todos los peligros
en medio de un hacinamiento de errores.
Nos preguntamos si será posible...
porque incluso la caída
revela que la locura tiene matices,
que hay sabiduría en sabernos falibles,
aunque nos habite una tristeza infinita
y se resienta la dignidad...
Aquélla que todo hombre debe tener por encima del miedo.
Entonces, queda solo soportar la idea,
ser consciente de las heridas abiertas
cuando sólo se tiene sed de venganza,
quizá porque la venganza es el manjar más sabroso
cuando está condimentado en el mismo infierno.
¡Cuánta crudeza hay en todo lo que negamos!
Tal vez intentemos disipar las sospechas,
reordenar el mundo entre los escombros,
y descubrir, al final,
que el abismo no era caída, sino espejo
porque no sólo el comportamiento es un espejo
en el que cada uno muestra su propia imagen,
sino no hay espejo que mejor refleje
la imagen del hombre que sus palabras.
MARiSOL