
Entre el principio y el final de la vida
queda un espacio para recordar la fuente ...
aquélla donde apagamos nuestra sed
mientras no olvidamos que es a nosotros
a quien nos corresponde
hacer el tiempo ... esa cadena de instantes
cuyos eslabones son las esperanzas ...
aquéllas que nos hacen vivir sin sobresaltos
porque las decepciones o desengaños,
al final, ya no nos matan como antes
cuando ese antes
nos hacía sentir más y comprender menos
(¿o viceversa?)
cuando ese antes
nos hacía sentir más y comprender menos
(¿o viceversa?)
Entre el principio y el final de la vida
queda un espacio para reflexionar
sobre la continuidad del tiempo ...
aquél que une nuestro presente con el pasado
porque el futuro rueda como las piedras
que atraviesan la corriente de nuestro río interno
para poder llegar, algún día, a la otra ribera ...
allí donde el tiempo nos dejará en paz
de una vez por todas,
mientras nuestra autosatisfacción sonríe
por siempre jamás ante los ojos de la eternidad
vestida, desde siempre, sin un principio y sin un final
vestida, desde siempre, sin un principio y sin un final
MARiSOL
Imagen sacada de Google+